En el artículo anterior expliqué qué es un agente de IA. Quedé en contarte el experimento completo, así que acá va.
Durante una semana conecté Claude a mi correo y a mi calendario, y en vez de hacerle preguntas le di tareas. Te cuento las cuatro que le pedí, lo que devolvió, las dos veces que se equivocó feo, y el momento en que me quedé mirando la pantalla sin saber bien qué sentir.
Cómo lo armé
Usé Claude, que tiene un modo pensado para trabajar sobre tus archivos y tus aplicaciones. Requiere plan pago, como te conté la vez pasada. Ninguna de las tres herramientas grandes ofrece esto en el plan gratuito.
Antes de conectar nada, una aclaración que importa: estamos hablando de dar permiso para leer tu correo. Si es una cuenta de trabajo, preguntá primero en tu empresa. Muchas tienen una versión corporativa con reglas distintas a la cuenta personal, y esa conversación de cinco minutos con IT te evita un problema grande.
Las cuatro tareas
Ordenar el correo. Le pedí que leyera la bandeja de entrada y me separara lo que necesitaba respuesta mía de lo que solo era información. Esto es lo que mejor funcionó de las cuatro. Llegar a un correo ya clasificado cambia cómo arrancás el día, porque el trabajo de decidir qué mirar primero ya está hecho.
Preparar reuniones. Le pedí que antes de cada reunión mirara el calendario, buscara los últimos correos con esa persona y revisara mis notas de la reunión anterior, y me armara media página con en qué habíamos quedado y qué tenía pendiente yo. Esto es lo que más tiempo me ahorró, porque era exactamente el trabajo que venía postergando todos los lunes.
Buscar compromisos pendientes. Esta fue la que más me sorprendió. Le pedí que revisara correos y notas de reuniones y encontrara cosas que yo había prometido y no había cerrado. Aparecieron varias. Algunas las tenía anotadas en otro lado, otras se me habían ido por completo.
Resumen diario y semanal. Uno corto al empezar el día con lo que venía, y otro al cerrar la semana con lo que había pasado. El diario lo seguí usando. El semanal me resultó menos útil, porque para el viernes ya sabía lo que había pasado.
Las dos veces que se equivocó
Acá viene la parte que hace falta contar, porque si solo te cuento lo bueno no te estoy dando información útil.
Mezcló dos clientes. En un resumen de preparación puso información de una cuenta dentro del contexto de otra. Las dos conversaciones se parecían en el tema, y lo juntó. Si yo hubiera entrado a esa reunión leyendo el resumen sin revisarlo, habría hablado de un proyecto que no era el de ellos. Eso es un error que te deja mal parado frente a un cliente.
Tomó el contexto equivocado. Varias veces agarró un hilo de correo viejo, de un tema ya cerrado, y lo trató como si fuera lo último que había pasado. La información era correcta, el momento no. Una conversación de hace tres meses puede estar completamente resuelta y la herramienta no siempre sabe distinguirlo.
Los dos errores tienen algo en común: no son errores obvios. No te devuelve algo que se ve falso. Te devuelve algo que se ve perfectamente bien y está mal. Por eso la revisión no es opcional. Yo leo todo antes de usarlo, siempre.
El momento incómodo
Y ahora la parte que no esperaba.
En uno de los resúmenes, al leer lo que había escrito sobre mi propia semana, me quedé quieto un rato. No porque estuviera mal. Porque estaba bien. Ahí, en texto ordenado, estaba cuánto tardo en responderle a cierta gente, qué temas dejo para el final, en qué reuniones participo poco.
Yo sé esas cosas de mí. Pero saberlas y verlas escritas por otro son dos experiencias distintas. Es parecido a escuchar una grabación de tu propia voz.
No me arrepiento de haberlo hecho y lo sigo usando. Lo cuento porque nadie me avisó de esta parte, y creo que si vas a probarlo conviene que sepas que puede pasar.
Lo que quedó después de la semana
El correo clasificado a la mañana y la preparación de reuniones se quedaron en mi rutina. El resumen semanal lo dejé de usar. La búsqueda de compromisos pendientes la hago cada tanto, no todos los días.
De las cuatro tareas, dos se quedaron y dos no. Me parece un resultado honesto, y probablemente vos llegues a una proporción parecida con tus propias tareas.
Si querés probarlo
Empezá por una sola tarea, la más repetitiva de tu semana. Elegí una que consista en juntar información de dos o tres lugares y armar un resumen.
Describila como se la describirías a alguien que entra a trabajar mañana en tu puesto: de dónde sale la información, qué tiene que salir al final, en qué formato.
Y revisá todo las primeras semanas. Los errores que vas a encontrar son del tipo que se ven bien a primera vista.
¿Qué tarea de tu semana le darías primero? Contámela, y si sirve la uso de ejemplo en el próximo artículo.


